La capital se prepara para los Juegos Olímpicos del 2008, y las calles se transforman. Algunos lo han denunciado de ultraje cultural. No hay nada que hacer, ya que el patrimonio arquitectónico ha caído en las fauces voraces de la máquina exaltada:
¡“Modernización”
papá!
Aquí
se pueden ver algunos viejos hutones preservados; pero en estas páginas no encontrar
á
s los hutones renovados o de estilo moderno.
Reconozco haber elegido hacer un testimonio muy subjetivo: sólo mostrar las partes devastadas, los restos de los hutones... Es una posición parcial, pero también es la llamada de mi corazón. Duele ver los barrios que me gustan completamente arrasados.
Tanta destrucción, reconstrucción, senderos en que uno se pierde, y que se pierden.
Al sur de Tiananmen, los habitantes del barrio de Qianmen han visto a los campesinos, fresca carne de cañón reclutada para la labor, llegar con sus picos, palas y herramientas. El barrio ha sido evacuado, las estancias rápidamente vaciadas, a veces las familias todavía empaquetan sus objetos bajo los escombros que caen del dejado sobre sus cabezas. (Ver el video: la policía nos ha fuertemente prohibido grabar, y amablemente nos han
“sugerido”
ir a otra parte). Los obreros primero recogen las tejas, después las vigas, las puertas, las ventanas... Los buldózeres acabarán el trabajo desmantelando las estructuras met
á
licas y los muros.
“
Hu-Tong
”
es el nombre de los antiguos y típicos barrios o
“
vecindades
”
de Beijing (erróneamente llamado
“
Pekín”
), de arquitectura horizontal y extensiva, donde las familias en ellos establecidas comparten una serie de espacios y servicios comunes: patio, agua, duchas, letrinas...
Restaurantes
Entrada
Reserva de carbón para calefación
Qianmen
En Beijing el frío se instala de veras en noviembre. La gente corre para calentarse. Los lagos se congelan y las pocas cañas de pescar son rápidamente reemplazadas por una multitud de patines de hielo o sillas-trineo que uno hace mover con la ayuda de bastones.
El viento recorre los lugares, sopla en las avenidas, golpea la cara de los peatones. Las calles estrechas de los hutones ofrecen un refugio provisional.
Durante el invierno 2005-2006 nevó
dos veces en Beijing.
El polvo blanco enjuaga el aire y el aspecto de las cosas que recubre como una sábana limpia.
Un árbol
Polvo
Barrio verde
Un saco que anda
Un mirada
Reciclaje
Vendedor ambulante
Puesto de bebidas
Vendedora de frutas
Una vez que la nieve se funde, la contaminación regresa, y la basura reaparece por aquí
y por allá
.
Algunos se obstinan. Se recicla, se rerecicla y se recupera. Se instalan comercios, tenderetes de bebidas y puestos de fruta. Un modo de reapropiar los espacios, de adaptarse. La vida continúa su curso.
Puertas
¿
Se vive bien en los hutones?
Sin sanitarios, ni agua potable, aseos comunes, habitaciones exiguas llenas de chatarra, ventanas pequeñas, paredes sin aislamiento, proximidad estrecha...
Desde incomodidad a insalubridad, muchas de las estancias originalmente se construyeron para albergar ricas familias, pero fueron engluidas desde dentro por la instalación precaria y desmesurada de familias proletarias durante la
época comunista. Los años han ayudado a aprender a cohabitar, y a establecer lazos estrechos, aunque no siempre sólidos.
Por esas particulares condiciones de vida en los hutones, la estructura social cotidiana está
desapareciendo para toda la gente desplazada desde el centro de la ciudad, a la cuarta o quinta circunvalación de la periferia.
Arrasando los hutones, no es solamente una arquitectura
única la que es destruida, sino también el escenario social tradicional el que se erradica. Es la forma de vida emblemática de los beijineses la que se entierra.