A mí
me gustan los viejecitos, el tiempo pasado ha dejado su marca sobre sus caras. La piñata que es la vida les ha hecho ver sus colores, pero hoy ellos no pueden decir qué
les resta a
n por descubrir. Se les puede ver juntarse en las aceras de la calle o en las plazas para compartir sus instantes.
Son accesibles y distantes a la vez. Participan del juego social sin quererlo demasiado. No quieren estar en primera línea de la escena pública, ellos prefieren los bastidores.
Los jóvenes adultos andan a la b
ú
squeda de lo que pueda hacerlos salir de la masa común de más de un billón de habitantes.
Cuando ven un extranjero, si la ocasión es buena, se acercan, lo examinan, y lo muestran a sus niños, a quienes a veces hacen repetir
“hello!”.
Quien habla algunas palabras de inglés se pone enfrente de la escena, tomando el papel principal, el de narrador. Comenzando la conversación, los otros se reagruparan más próximos: la función ya tiene una trama. La escena a representar será
más o menos larga dependiendo de sus participantes. Si el extranjero acepta su papel polarizador, el otro representar
á
su papel de traductor y el público entrará
en interacci
n haciendo preguntas.
Curiosidad real o forma de destacarse, los contactos con los demás existen en todo momento, si el otro presenta particularidades visibles, los chinos raramente se mantendrán reservados. |