JUEGO DE CARAS
Los chinos son ruidosos. Los Beijineses se destacan entre los más escandalosos. En los restaurantes y bares las conversaciones se extienden y resbalan sobre los litros consumidos de alcohol de arroz y cerveza. A veces sucede que dos hombres se disputan y se abalanzan sobre la camarera ofreciéndole un billete de los grandes, gritando y forcejeando. La camarera sonríe. Ella los calma y termina el motivo de discordia determinando quién tendrá el prestigio de pagar la cuenta. A veces la escena es falsa, ya que quien invita ha de pagar por los demás. E incluso si uno finge intentar sacar la cartera, se espera que quien propuso la velada se ocupe de pagar la dolorosa.
En ocasiones se sientan a la mesa de 5 a 8 hombres alrededor de la treintena, y a veces una mujer les acompaña. Todos son buenos amigos. La cuenta será pagada por uno sólo de ellos, la próxima vez le tocará el turno a otro, porque compartir el precio se considera embarazoso.
Todo o casi todo puede ocurrir sobre la mesa de los restaurantes, por ejemplo, grandes acuerdos empresariales. Compañeros de trabajo o colaboradores potenciales son juzgados cuidadosa y discretamente. Trabajo y placer se mezclan profundamente. Son muchos los empresarios occidentales que se quejan de no saber qué pasa dentro de las cabezas de los chinos. Incluso si se tiene una respuesta afirmativa, nada es seguro, todo depende de la impresión que uno haya dejado. ¿Los trató con respeto, con esmero o desdén? ¿Aceptó los cigarrillos que le ofrecieron, siguió los brindis? ¿Hizo honor a la cultura china apreciando su gastronomía... Fue usted de agradable compañía? Todas esas cuestiones cuentan, y ellas entran en consideración en la estima. Porque normalmente no se hacen negocios con alguien que uno no tiene en estima.
Un pequeño consejo: si usted ofrece cualquier cosa, insista, ya que por educación uno siempre rehúsa la primea vez. Por eso mismo la gente insiste siempre como locos ofreciéndonos de comer o cualquier otra cosa que uno tiene que rehusar. (La misma reacción es esperada de nuestra parte).
Y una ultima cosa: hay veces en que los chinos sonríen, pero lejos de ser una muestra de contento, más bien es una manera de disimular el enfado cuando uno los ha molestado. Es una mímica próxima a la ironía.